Cada vez que hago una visita al mercado de la Guindalera me acuerdo de que fue allí, en una cata organizada por A Tope Madrid gracias a quien doy en primera persona con las Bodegas Tres Piedras, cuya historia merece ser compartida.
El mismo día que pruebo por primera vez uno de sus vinos, me pongo en contacto con esta bodega de Ribera del Duero. Guillermo, uno de los responsables de la bodega, se ofreció a concederme una entrevista y dar respuesta a todas mis preguntas de la mejor manera: en persona.
Si bien era de esperar que la bodega hacía un trabajo excelente, el día que nos encontramos se confirma mi teoría: los detalles cuentan y hay que cuidarlos siempre de principio a fin. Desde la vendimia, la fermentación, al embotellado, etiquetado y packaging (recomiendo que hagáis un pedido para que veáis las cajas en persona).

¿Vale más una imagen que mil palabras?
En lo que a las etiquetas concierne, la imagen importa y mucho.
La presencia de algún guiño o detalle que aluda a cómo, cuándo y dónde se ha elaborado un vino es algo que satisface a todos los curiosos, como en mi caso.
En Nobbis (del latín «nosotros»), los protagonistas son las «tres piedras» que inician este proyecto en 2016: una oropéndula, una libélula y un escarabajo. La maleta, el lapicero y las uvas dentro de la maleta son algunos de los detalles que representan el trabajo de estos tres jóvenes de profesiones dispares para conseguir resultados de este calibre: limpio y equilibrado, con mucha presencia de fruta roja en nariz y en boca.

Con Unanimus Finca la Tejera, con 12 meses en barrica de roble francés y 16 en botella tipo borgoña, el equipo se supera. Este es el vino más preciado de la bodega, y no es para menos: su producción limitada a 1870 botellas procedentes de viñedos centenarios, vendimia manual y fermentación a baja temperatura con ayuda de hielo seco, la calidad del corcho (más largo para mejorar el tiempo de guarda en botella), su lacrado (en rojo) y su etiquetado dan mucho que hablar.
En su etiqueta aparecen tres caballeros con armadura separados entre sí por vides. Si os fijáis, la oropéndula, el escarabajo y la libélula siguen estando presentes.

En cuanto a los versos de la contraetiqueta, no están ahí porque sí; de hecho, fueron los propios bodegueros los que se pusieron en contacto con Ben Clark al leer su poema ‘Frente a las viñas’, con el que obtuvo el Premio Internacional Fundación Loewe de Poesía en el año 2017. Para adaptarlo al concepto de este vino, se adapta el texto quedando así en la imagen:

Las cepas viejas callan para todos;
no se cosecharán secretos de sus nudos,
ni crecerán metáforas
bajo las hojas verdes de la parra.
Pero es con su ademán que nos conmueven,
pero es con su tesón que nos invocan,
pero es con su silencio que nos hablan.
(extracto del fragmento original)
Unanimous Santa Cruz elaborado con la variedad albillo es su último proyecto, que todavía no he tenido oportunidad de probar. Buenas noticias: ya está disponible en su web. Además ahora están haciendo repartos en Madrid por Deliveroo con un descuento muy interesante. Este blanco de guarda promete.
Si os apetece una copa de estos vinos por un precio estupendo, pasad por el puesto A Tope. Tienen buena selección de vinos por copa a partir de 2.50€. Dejaos aconsejar por Raquel y por sus maridajes.

También los podéis encontrar por copa y a buen precio en las tabernas Conservas Nudista.

Seamos claros: lo que realmente nos importa de un vino sucede en el interior de la botella, de la misma manera que nos interesa más el terroir que la ubicación una determinada bodega. Pero al pan, pan y al vino, vino: una etiqueta bien diseñada que nos alegre la vista también es una una oportunidad magnífica para contar una historia.